Migrantes, misioneras y misioneros de esperanza

5 de octubre. Jubileo y Jornada mundial de las personas migrantes y refugiadas 2025

“No olvidéis la hospitalidad, por la cual algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles.”

(Hebreos 13, 2)

A quienes hemos tenido el privilegio de vivir el encuentro cercano con la hermana y el hermano que vienen de lejos y llegan a nuestra tierra y a nuestra vida, esas pocas palabras de la carta a los Hebreos hacen que arda nuestro corazón al recordar (volver a pasar por el corazón) momentos de esperanza compartida. Esa esperanza que nos han transmitido y contagiado quienes emprendieron largos y tantas veces peligrosos desplazamientos porque tenían la esperanza de llegar a un lugar en el que vivir en paz y con dignidad, porque tenían la esperanza de alcanzar un futuro mejor para ellas mismas y sus familias, porque tenían la esperanza de gozar de la felicidad que Dios quiere para todas sus hijas e hijos. Y ese encuentro, esa esperanza compartida nos ha cambiado, nos ha hecho confiar más que nunca en que el Reino de Dios se construye entre todas y todos, sin dejar a nadie atrás, sin descartes. Nos ha hecho confiar en que en la Iglesia, como decía el papa Francisco, “caben todos, todos, todos”.

En este momento concreto que estamos viviendo en nuestras sociedades occidentales —atenazadas por el miedo al diferente, por discursos que pregonan el retorno a supuestos pasados “gloriosos” de altos muros, aislamiento y autocomplacencia— es más necesaria que nunca esa esperanza en un futuro mejor que traen con ellas las personas migrantes y refugiadas. Deberíamos aprender de la filosofía africana que se resume en la palabra “ubuntu”: yo no puedo ser feliz si los demás no lo son.

La Jornada mundial de las personas migrantes y refugiadas se ha venido celebrando el último domingo de septiembre y en algunas de nuestras diócesis se ha mantenido esa fecha para este año. Sin embargo, para la Iglesia Universal, el papa Francisco quiso hacerla coincidir este 2025 con el Jubileo de las personas migrantes y refugiadas que tendrá lugar en Roma este domingo 5 de octubre. Su lema es “Migrantes, misioneras y misioneros de esperanza” y, como nos recuerda el papa León XIV en su mensaje para esta jornada, “Ante las teorías de devastación global y escenarios aterradores, es importante que crezca en el corazón de la mayoría el deseo de esperar un futuro de dignidad y paz para todos los seres humanos. Ese futuro es parte esencial del proyecto de Dios para la humanidad y el resto de la creación”.

Este mundo herido por guerras, violencia y fenómenos climáticos extremos es tierra de misión en la que el Señor nos llama a no perder la esperanza, a recordar que la Cruz no fue el final del camino sino que tras ella vino la Resurrección. Y, para cultivar y vivir esa esperanza, hemos de tener en cuenta a tantas personas migrantes y refugiadas que, cargadas de esperanza, dinamizan la economía, rejuvenecen nuestra sociedad envejecida, enriquecen nuestra cultura con la suya, convierten a nuestras comunidades eclesiales en tierra de acogida y contribuyen al desarrollo y bienestar de sus países y comunidades de origen.

Nuestra CVX, como comunidad mundial y parte de la Iglesia, ha de aspirar a ser comunidad acogedora, a ser capaz de reconocer en las personas migrantes y refugiadas al mismo Señor Jesús que nos sale al encuentro y nos llama a construir el Reino de Dios y su justicia.

En este día, nos unimos en oración a toda la Iglesia, pidiendo por las personas migrantes y refugiadas que han abandonado su tierra henchidas de esperanza. Para que seamos una única humanidad que peregrina hacia Dios sin dejar a nadie por el camino.

Amén

Línea de misión Migraciones de CVX España

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