Este texto para el Rincón arcoíris sobre el día de la visibilidad trans es uno de los más complicados que he escrito en mucho tiempo. Lo he empezado ya al menos media docena de veces, pero apenas paso de un par de párrafos. Y la razón es que en este año 2025 es muy complicado escribir sobre la visibilidad trans y no ser pesimista. Porque lo cierto es que los derechos y realidades de las personas trans americanas se han deteriorado enormemente en estos escasos tres meses de 2025. Y el temor es que esos deterioros se exporten, tarde o temprano, de una forma u otra, a Europa. Por supuesto que ya sabíamos que en multitud de países, como Rusia o China, ser transexual públicamente es algo penado por ley. Pero no pensábamos que en los países donde ya se habían adquirido ciertos derechos y normalidad estos pudieran desvanecerse tan rápido. Incluso en algunos sitios se habla ya de abolir el matrimonio homosexual en USA, porque el que piense que estos ataques van solo dirigidos a las personas trans se equivoca completamente. Simplemente nosotres somos el blanco más fácil pero no el único y ni siquiera el, seguramente, más importante.
Y el problema está, sobre todo, en el relato. Porque lo cierto es que el relato es más importante que el dato, si hay un relato el dato no importa. Si apoya el relato, mejor; pero si no, se ignora, se tergiversa o directamente se inventa, porque lo importante es tener el relato claro. Por ejemplo, el relato es que las mujeres trans son una amenaza para el deporte femenino; pero lo cierto es que siempre mencionan a la famosa Lia Thomas, que ganó una sola competición a lo largo de toda su vida deportiva, en 2022. Si no mencionan a otras mujeres trans es porque simplemente ninguna mujer trans ganó nada en 2023, ni en 2024, ni tampoco en 2021. Ese es el dominio aplastante de las mujeres trans en el deporte. Pero Lia Thomas ganó una vez, una en toda su carrera deportiva. Cuando una piensa en deportistas que auténticamente dominan en sus deportes, Hamilton, Serena Williams, Michael Phelps, Rafa Nadal, Usain Bolt, etc. no han ganado una única vez en su carrera deportiva, lo han hecho decenas y decenas de veces, por eso dominaban. Y está bien porque de hecho por eso son leyendas del deporte. Pero pretender que porque una mujer trans ganó una vez una competición en 2022 ya domina todo el deporte femenino es algo absurdo. Lo que cuesta es encontrar a mujeres trans deportistas y más que ganen algo, aunque sea una vez en la vida. Está claro que todo es relato, y de dato bien poco. De hecho el dato podría ser un articulo científico [1] de este mismo año, que muestra que quizá las mujeres trans estén en desventaja frente a las cis, lo que explicaría por qué ganan tan poco.
Pero nos perderíamos en el dato cuando, como dijimos, lo importante es el relato. Sobre las personas trans se acumulan los relatos: las mujeres trans dominan el deporte; usan los baños de mujeres y eso puede ser peligroso; las mujeres trans son hombres y deben ir a cárceles de hombres y lo que allí les pase, es culpa suya, por ser trans e ir a la cárcel, como si la violación fuera parte de la pena. Otras relatos repetidos socialmente son que las personas trans nacen con 18 años, por lo que no es necesario atender a menores que digan ser trans, ya que no existen; y de que por supuesto solo hay dos géneros, aunque haya que mutilar recién nacidos para que el relato encaje, aunque sea solo en apariencia. El relato de que los hombres trans no existen, así que mejor ni mencionarlos. El relato de que todo esto es solo una ideología woke y son ideas y no personas las que son atacadas.
Y lo cierto es que estamos perdiendo la batalla del relato. Ellos tienen más dinero, recursos y bots. Porque ni siquiera son humanos los que corean sus mensajes, pero eso poco importa. Cien bots pueden ser tan eficientes como cien humanos, y cuesta bien poco entrenarlos y tenerlos 24 horas al día esparciendo su relato, mientras que nuestro testimonio real queda ahogado como una gota en la marea del relato de los bots.
¿Qué nos queda entonces? Nos queda lo más importante, el Señor. Nos queda saber que en lo más profundo de nuestro ser, Dios nos ama tal y como somos. Nos queda saber que Dios no comete errores y toda su creación es perfecta. Nos queda saber que el camino del cristiano es amar al prójimo, tal como Dios lo hizo, lgbt. Nos queda saber que nada nos turbe, nada nos espante, porque todo pasa y solo Dios basta. Nos queda tratar de ser apóstoles y extender nuestro relato aunque sea contracorriente y no siempre bien recibido. Nos queda confiar en el Espíritu y saber que cuando Él sopla no hay ejercito de bots que se le resista.
Y hacerlo no por las personas LGTBIQ+, sino por nuestros hermanos en Cristo que los persiguen. Porque cuando el relato antiLGTBIQ+ gana, todos pierden. Las personas trans y LGBIQ+ las primeras, pero también aquellas que albergan odio en sus corazones ante otro ser humano. Sinceramente prefiero ser del primer grupo que del segundo. Porque conmigo tengo al Señor y me lo vale todo, pero a ellos ¿qué les queda? Nada peor que haber comprado el relato del odio, porque estoy segura que no era ese el camino que el Señor tenía pensado para ellos. Por eso rezo por ellos y lo mismo os pido a todes vosotres que leáis estas líneas. Recemos por todes nosotres, perseguides y perseguidores, para que podamos hacer nuestra la belleza de la diversidad de la creación de Dios. Para que celebremos todas nuestras diferencias, que nos enriquecen, sabiendo que todes somos une en Cristo Jesus. Celebremos el día trans, el de la madre, del padre, del niño, de la lesbiana, de la familia, de la funcionalidades diversas, de la mujer, del hombre, del no binario, de Andalucía, de Madrid y de Catalunya. Y todos los demás días que nos recuerdan la enorme diversidad de la creación.
Victoria Rodríguez
Equipo de diversidad sexual y de género de CVX-E
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[1] Hamilton, B., Brown, A., Montagner-Moraes, S., Comeras-Chueca, C., Bush, P. G., Guppy, F. M., & Pitsiladis, Y. P. (2024). Strength, power and aerobic capacity of transgender athletes: a cross-sectional study. British Journal of Sports Medicine, 58(11), 586-597.


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