Existen diferentes formas de afrontar los conflictos: evasión (donde los actores implicados pierden), competición (donde busco ganar y que pierdan los demás), sumisión (cuando me dispongo a perder ganando los demás), negociación (todos ganamos y perdemos por igual) y colaboración (donde buscamos que todos salgamos ganando). La colaboración es la forma que debemos buscar para transformar conflictos, construyendo un presente que sea mejor para todas las partes.
Cuando nos comprometemos en transformar conflictos desde la colaboración, es necesario que realicemos una escucha activa, ponernos en situación de todas las partes implicadas y dejar que estas nos afecten. Si nos acercamos desde una postura cerrada, enconada a unas ideas y objetivos inamovibles, es difícil encontrar el punto de encuentro desde donde construir esta colaboración que busca el bien común.
El encuentro sincero, incluso entre posturas en conflicto, transforma a quienes participan. Especialmente cuando la preparación al encuentro se realiza con ese deseo de superar el conflicto, de transformarlo para que sea fuente de crecimiento. En esa transformación están los frutos del encuentro, y para acercarse a éste es bueno que nuestra postura sea abierta, flexible. Estamos llamados a vivir desde ese encuentro, creando comunidad, colaborando en búsqueda del bien común, ¡y claro, reconciliada!
¿Me comprometo a colaborar para vivir desde la reconciliación? ¿Y si eso supone transformar mi postura?


0 comentarios