Pedir la gracia de vivir desapropiado

Según el diccionario de la RAE la palabra “desapropiarse” significa desposeerse del dominio sobre lo propio. Por tanto, vivir desapropiado significaría poner el centro de mi vida fuera de mí para que no sea yo el centro sino los valores por los que he optado vivir desde la libertad y la lucidez. 

San Ignacio, en los Ejercicios Espirituales, habla de “hacernos indiferentes (libres) a todas las cosas creadas, sólo deseando y eligiendo lo que más nos conduce al fin por el que hemos sido creados”.

Uno de esos deseos que han de orientar nuestra vida, si queremos ser agentes de reconciliación y transformar conflictos, es el deseo de seguir a Jesús por el camino de la humildad. 

La forma más radical de vivir la humildad en los conflictos es vivir con un corazón desarmado que renuncia a la violencia, que se responsabiliza de su pasado violento para mirar el futuro con esperanza y que trata de establecer relaciones justas a su alrededor. Vivir con un corazón desarmado no es algo que dependa de nuestra propia voluntad, de nuestros méritos, es el trabajo que va haciendo el espíritu de Jesús en nosotros a lo largo de todo el proceso de reconciliación.

¿Vivo con un corazón desarmado que renuncia a la violencia y se responsabiliza de su pasado?

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