Por Marco Salas
Teólogo autor del podcast teología en casa
Agenor Brighenti y Rafael Luciani proponen un primer paso para abordar las dificultades que enfrentan los laicos hoy en día: «Urge pasar del binomio clero-laicos al binomio comunidad-ministerios, dado que el Bautismo es la fuente de todos los ministerios»[1]. Asumir, como propuso el Concilio Vaticano II, que «laicos y laicas, personas consagradas y ministros ordenados tienen la misma dignidad»[2] será esencial para la verdadera realización de una Iglesia sinodal en misión. Finalmente, otra propuesta consiste «ampliar las posibilidades de participación y de ejercicio de la corresponsabilidad de todos los bautizados, hombres y mujeres, en la variedad de sus carismas, vocaciones y ministerios»[3]. En esta dirección, el Instrumentum laboris para la segunda sesión apunta a los siguientes elementos para el discernimiento: a) la participación se basa en las implicaciones eclesiológicas del bautismo; b) como Pueblo de bautizados, estamos llamados a no enterrar nuestros talentos, sino a reconocer los dones que el Espíritu derrama sobre cada uno para el bien de la comunidad y del mundo; c) respetando la vocación de cada uno, los dones que el Espíritu concede a los fieles se ordenan el uno al otro y la colaboración de todos los bautizados debe practicarse en clave de corresponsabilidad.
Aparecen en estos elementos varios asuntos que aún están en deuda en una Iglesia, toda ella ministerial, sinodal y Pueblo de Dios en camino. En primer lugar, la participación del laicado en razón de la común dignidad por el bautismo (el Instrumentum laboris para la segunda sesión utiliza el vocabulario: identidad bautismal y, carismas y ministerios bautismales)[4]. En segundo lugar, el reconocimiento de los dones del Espíritu que yacen en la comunidad, en el Pueblo de Dios. En tercer lugar, el reconocimiento de unas relaciones de corresponsabilidad diferenciada. Todos y todas, participan «de todo el Pueblo de Dios, en sus diferentes niveles y en la distinción de los diversos ministerios y roles, en su vida y en su misión»[5].
Sin duda, subyace aquí, la dificultad por superar la definición de la identidad del laicado por vía negativa, es decir, por lo que no es. Vía que, de hecho, aparece en la definición del Concilio. Por lo tanto, en un primer nivel, si se piensa en el lugar de la vocación laical en la reforma sinodal de la Iglesia, hará falta recuperar el impulso del Concilio Vaticano II — incorporando la novedad del camino sinodal — para, por un lado, renovar la conciencia de que el laico y la laica forman parte del Pueblo de Dios y participan de manera corresponsable de la única misión de la Iglesia. Mientras, por otro lado, hará falta explicitar esto en cada espacio pastoral posible. Pienso aquí en la liturgia, en la catequesis, en la preparación prematrimonial, en la formación para la confirmación, en las charlas prebautismales, en las cartas pastorales de los Obispos o de las conferencias episcopales, etc. Si algo da cuenta el proceso sinodal es que, en muchas Iglesias locales, aún hace falta renovar esta conciencia tanto como explicitar esta identidad. Sin esta pedagogía para comprender la propia identidad laical, el proceso sinodal — como de hecho ha dado cuenta, por ejemplo, la síntesis de la República Centroafricana[6] — en cuanto camino juntos y juntas, ni se camina ni se traza.
Algunas propuestas para poder vivir la identidad laical dentro del Pueblo de Dios han surgido durante el proceso sinodal. Vale la pena, para concluir esta reflexión, retomarlos para que cada uno y cada una pueda discernir como incluir estas propuestas en sus espacios pastorales particulares y en sus Iglesias locales. Un primer aspecto que trae el Instrumentum laboris para la segunda sesión consiste en plantear «una formación común y compartida, hecha juntos —laicos, consagrados y ministros ordenados—»[7]. Se considera en ella que, al compartir un espacio común, se «favorece la estima y el conocimiento mutuos, así como la capacidad de colaboración»[8]. Así, «la necesidad de una formación común y compartida, en la que participen juntos hombres y mujeres, laicos, consagrados y consagradas, ministros ordenados y candidatos al ministerio ordenado, que les permita crecer en el conocimiento y la estima recíproca y en la capacidad de colaborar» (Instrumentum laboris para la segunda sesión 57), es una propuesta para continuar el camino juntos y juntas. Una pregunta que se puede proponer para discernir es «¿Quienes son los sujetos que se presentan en la formación de mi espacio pastoral? ¿Sólo presbíteros? ¿Sólo hombres? ¿Sólo catequistas? ¿Cómo podemos incluir otras vocaciones, carismas y ministerios dentro de la formación de mi comunidad?».
Un segundo aspecto, dentro de la reflexión sobre el papel de la mujer, insiste en «el deseo de un fortalecimiento de todos los ministerios ejercidos por los laicos (hombres y mujeres)[9]. También se hace un llamamiento para que los fieles laicos, hombres y mujeres, adecuadamente formados, contribuyan a la predicación de la Palabra de Dios, también durante la celebración de la Eucaristía» (Instrumentum laboris para la segunda sesión 18). Aquí, la invitación en un primer estadio consiste en el reconocimiento de los ministerios ya ejercicidos dentro de la comunidad por laicos y laicas. Reconocerlos implica explicitar su lugar dentro de la Iglesia y de la misión, no solo como «colaboración» o «ayuda» a otros ministerios tenidos por más vinculados con la misión. Más aún, el Instrumentum laboris recuerda que en la Iglesia existen «una variedad de ministerios que pueden ser ejercidos por cualquier bautizado, hombre o mujer [..] Ésta, debe ir acompañada de la reflexión sobre la promoción de formas más numerosas de ministerialidad laical, también fuera del ámbito litúrgico» (Instrumentum laboris para la segunda sesión 29). Hacia esta madurez de la eclesialidad del laicado (ministerialidad laical) debemos caminar e impulsar parte de nuestros esfuerzos, reflexiones, discernimientos y espiritualidad.
En tanto la intención de este proceso ha sido discernir y «trabajar en las formas concretas del compromiso misionero al que estamos llamados, en el dinamismo entre unidad y diversidad propio de una Iglesia sinodal» (Instrumentum laboris para la segunda sesión, IV), sin duda, el camino sinodal, compromete «a cada bautizado, hombre o mujer, en la construcción de relaciones fraternas en su propia comunidad eclesial, en la búsqueda de una comunión cada vez más visible y profunda con todos los que comparten el mismo Bautismo y en la proclamación y testimonio del Evangelio» (Instrumentum laboris para la segunda sesión 23). Se delinea aquí otra tarea del laicado allí dónde encarna y vive su vocación.
Finalmente, un ultimo aspecto para cerrar esta conclusión, la organización de la acción pastoral debe verse afectada por esta renovación de la conciencia del laicado dentro de una Iglesia Sinodal en misión. Por lo tanto, al tomar «en cuenta la participación de todos los bautizados, hombres y mujeres, en la misión de la Iglesia, centrándose sobre todo en la necesidad de hacer emerger, reconocer y animar los diferentes carismas y ministerios bautismales» (Instrumentum laboris para la segunda sesión 36) reconfigura su quehacer y su proceder. La acción pastoral, pensada bajo esta clave sinodal, permite una recomprensión del ministerio ordenado y los carismas y ministerios bautismales[10]. Por lo tanto, si se toma esta iniciativa «puede iniciarse una reasignación de tareas cuyo desempeño no requiera el sacramento del Orden. Un reparto más articulado de las responsabilidades favorecerá también los procesos de toma de decisiones marcados por un estilo más claramente sinodal» (ibíd). Ojalá, las diversas comunidades parroquiales, comisiones diocesanas, comunidades laicales, conferencias episcopales, organizaciones misioneras, cuerpos apostólicos, sociedades de teología, etc., puedan con creatividad y audacia considerar esta reasignación de tareas dentro del marco de una renovada consideración y acogida de los dones que el Espíritu derrama sobre cada uno y cada una para el bien de la comunidad y del mundo[11].
[1] Brighenti y Luciani, “Instrumentum laboris para la Segunda Sesión de la Asamblea del Sínodo. Resumen del texto y elementos de análisis”, 43.
[2] Ibíd.
[3] Ibíd. Los autores, más adelante, recuerdan: «Lo problemático para algunos es el Bautismo como la fuente de todos los ministerios y del poder en la Iglesia, en una relación de igualdad en dignidad de todos los ministerios. Se tiende a situar la jerarquía “sobre” y no “en el seno” del Pueblo de Dios» (Brighenti y Luciani, “Instrumentum laboris para la Segunda Sesión de la Asamblea del Sínodo. Resumen del texto y elementos de análisis”, 49).
[4] El Documento de trabajo para la etapa continental comenta en el numeral 22: «Las prácticas de la sinodalidad vivida han constituido «un momento crucial y precioso para darse cuenta de cómo todos, por el bautismo, compartimos la dignidad y la vocación común de participar en la vida de la Iglesia» (CE Etiopía). Esta referencia fundacional al bautismo —en términos no abstractos, sino como una identidad realmente percibida— pone inmediatamente en primer plano el vínculo entre la forma sinodal de la Iglesia y la posibilidad de cumplir su misión: «ha crecido la conciencia de la importancia de que quienes han recibido la gracia del bautismo aminen juntos, compartiendo y discerniendo a qué les llama la voz del Espíritu. Hay una profunda toma de conciencia de que en una Iglesia sinodal caminar juntos es el camino para ser una Iglesia misionera» (CE Japón)».
[5] Comisión Teológica Internacional, “La sinodalidad en la vida y en la mission de la Iglesia” 70).
[6] «Los cristianos laicos no se sienten miembros del Pueblo de Dios. Tienen que reprobarse las iniciativas demasiado “clericalistas”. Algunos agentes de pastoral, clérigos y laicos, prefieren a veces rodearse de quienes comparten sus opiniones y alejarse de aquellos cuyas convicciones son hostiles y están en desacuerdo con ellos» (Secretaría General del Sínodo, “Ensancha el espacio de tu tienda. Documento de trabajo para la etapa continental” 58).
[7] (Brighenti y Luciani, “Instrumentum laboris para la Segunda Sesión de la Asamblea del Sínodo. Resumen del texto y elementos de análisis”, 13).
[8] Ibid.
[9] El cuerpo de textos sinodales da cuenta de la preocupación del papel/lugar de las mujeres en la Iglesia. Para profundizar ver: “Documento de trabajo para la Etapa Continental 60-66”; “Documento Final en África y Madagascar 2.1(4).6”; “Documento Final en América del Norte 19.26.54(III).”; “Documento Final en América Latina y Caribe 39.62.86-87”; “Documento Final en Asia 65-66.95-97”; “Documento Final en Europa 26.46.75-76”; “Documento Final en Oriente Medio 36.41-42.48h”; “Documento Final en Oceanía 49.58.68.73.99-102.136”; “Documento Final del Sínodo digital de la etapa continental 7”; “Instrumentum laboris para la primera sesión B 2.3”.
[10] Francisco recordaba de manera clara en la Evangelii Gaudium 102: «102. Los laicos son simplemente la inmensa mayoría del Pueblo de Dios. A su servicio está la minoría de los ministros ordenados. Ha crecido la conciencia de la identidad y la misión del laico en la Iglesia. Se cuenta con un numeroso laicado, aunque no suficiente, con arraigado sentido de comunidad y una gran fidelidad en el compromiso de la caridad, la catequesis, la celebración de la fe. Pero la toma de conciencia de esta responsabilidad laical que nace del Bautismo y de la Confirmación no se manifiesta de la misma manera en todas partes. En algunos casos porque no se formaron para asumir responsabilidades importantes, en otros por no encontrar espacio en sus Iglesias particulares para poder expresarse y actuar, a raíz de un excesivo clericalismo que los mantiene al margen de las decisiones. Si bien se percibe una mayor participación de muchos en los ministerios laicales, este compromiso no se refleja en la penetración de los valores cristianos en el mundo social, político y económico. Se limita muchas veces a las tareas intraeclesiales sin un compromiso real por la aplicación del Evangelio a la transformación de la sociedad. La formación de laicos y la evangelización de los grupos profesionales e intelectuales constituyen un desafío pastoral importante».
[11] Para profundizar en relación laicado y sinodalidad recomiendo ver: Kuzma, “Participación y representatividad de los laicos en una Iglesia sinodal” https://youtu.be/dPaYOrOrjCg?si=F6BA4Bw3tdMHbnNl ; Prisco, “La misión de los laicos en una Iglesia sinodal”, https://youtu.be/kE_k2PMYgCA?si=atykOx1cVgM1bgiE
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