Afganistán ha sido nuevamente noticia en estos días tras la publicación de una nueva “ley de moralidad” que prohíbe a las mujeres hablar en público. Según el Gobierno talibán, la sharía (Ley islámica) es su “línea roja” y según la interpretación que hacen los talibanes de la ley, la mujer debe cubrir su rostro y su cuerpo, para no causar tentación, tampoco pueden llevar ropa atractiva, ni maquillarse, ni peinarse. Así se está cumpliendo los peores temores que ya muchos esgrimían hace tres años, cuando los talibanes avanzaron por el país, tomaron la capital Kabul, y las tropas occidentales se retiraron del país, dejando indefensa a una población atemorizada, que en muchos casos buscó refugio fuera de Afganistán.
A pesar de sus promesas, el gobierno talibán ha ido expulsando de la vida pública a las mujeres, prohibiéndoles trabajar (solo pueden hacerlo en algunos casos en atención sanitaria), estudiar (no pueden continuar sus estudios más allá de los 12 años, divertirse
(los talibanes prohibieron la presencia de mujeres en parques públicos, no permiten espectáculos de ocio, conciertos, cine, etc.).
Como dice Hussnia Bakhtiyari, fiscal afgana, refugiada en España desde hace un año: “Las mujeres perdieron su lugar en la sociedad de un plumazo. Ahora solo sirven para casarse y tener hijos” (El País, 15 agosto 2023).
Ante esta pensada estrategia de silenciamiento de la mitad de la población por parte de los talibanes, la comunidad internacional, saturada de informaciones que buscan la primera página, mira hacia otro lado. Las mujeres afganas van desapareciendo poco a poco de las noticias, haciendo de Afganistán el peor país del mundo para nacer mujer, donde se habla ya de apartheid de género (informe al Consejo de Derechos Humanos de la ONU)
Todavía se escucha poco pero un rumor comienza a oírse: las mujeres afganas que
buscaron refugio fuera del país se hacen oír. Ese fue el caso de la b-girl afgana Talash que en las Olimpiadas de París, mostró al mundo su “burka” modificado “Free Afgan Women”.
También es el caso de un grupo de mujeres refugiadas en España que se han asociado formando la asociación AMAE. En Afganistán ha comenzado una campaña en la que mujeres sin temor a ser condenadas se han grabado cantando (con burka o sin él) y han
subido sus voces a las redes sociales.
No podemos dejarlas solas, alcemos la voz con ellas y por ellas. “Si estas callan, gritarán
las piedras” Lc. 19,40
Christina Barrenetxea
Mujeres en diálogo


Muy buen artículo
Triste la ley que cosifica a las mujeres