¿A qué compararé esta generación? Se parece a unos niños sentados en la plaza que gritan a los otros: “Tocamos la flauta y no bailan, cantamos y no hacen duelo. Como amante del teatro, siempre me ha llamado la atención esta frase del Evangelio de Mateo. En ella, se describe a unos muchachos que, sentados como espectadores en una plaza, piden a otros que actúen bailando o llorando, pero estos no les hacen caso. Jesús utiliza esta metáfora, probablemente inspirada en escenas que habría visto muchas veces en las plazas y calles de su tiempo. Estos niños juegan al teatro, y quizás este fragmento sea el testimonio escrito más antiguo de la humanidad que hace referencia a un juego infantil muy común: “el hacer como si…”
Hoy en día, los antropólogos nos dicen que el teatro es un universal cultural que no conoce confines de espacio y tiempo y que la dimensión lúdica está intrínsecamente ligada al teatro. Resulta interesante que Jesús se fije en lo que hacen los niños, figuras que no eran reconocidas en la sociedad de su tiempo. Estos niños están haciendo cultura, no sólo con sus juegos, sino también pidiendo a otros que actúen en las dos caras del teatro: la comedia (que bailen) o el drama (que lloren). Jesús, como siempre, se fija en algo que la mayoría no es capaz de apreciar; sus ojos son capaces de reconocer que la cultura puede hacerse desde cualquier lugar y condición. Esto también lo recoge la Constitución Española, cuando, en su artículo 44, reconoce que todos tienen derecho a acceder a la cultura. Y ese “todos” incluye a todas las personas, independientemente de su edad, raza, sexo, condición, etc.
Desde hace muchos años, acompaño a personas en prisión mediante el uso del teatro. En ellos, reconozco este derecho a acceder a la cultura no sólo como espectadores, sino también como actores. Ellos, al igual que estos niños, están llamados a meterse en el juego, bailando y llorando cuando se les toca la flauta, cuando se les da la posibilidad de escuchar una música capaz de sacarlos de la monotonía carcelaria o de la apatía de sus existencias. Debo reconocer que el teatro es para ellos y para mí una herramienta poderosa que les permite liberarse de los prejuicios en los que han encerrado su autoconcepto como delincuentes, fracasados, malos…y explorar nuevas fronteras del yo. No deja de ser un rayo de esperanza que les empuja a avanzar hacia nuevas etapas, empezando por creer en sus capacidades de estar frente al otro en un escenario, aprenderse un texto, crear una coreografía en grupo, etc. El teatro es un lenguaje que exige disciplina y rigor, pero que es capaz de orientar hacia la construcción de algo grupal, un lugar donde lo individual cede espacio a un bien común y a un objetivo colectivo.
Jesús era sin duda un excelente narrador y podríamos decir también un auténtico actor, él no necesita fingir porque es capaz de estar frente al público en su verdad. Además, su historia sigue fascinando a generaciones enteras por su conmovedor guión: una pareja que busca un lugar donde parir, un rey bebé que nace en una cueva y debe huir porque un rey adulto lo quiere matar. Luego vienen 30 años de misterios en Nazaret, donde el silencio no sólo es preludio de los tres años de actividad pública más intensa, sino que en su silencio se despiertan en el público miles de interrogantes. ¿Qué habrá hecho en Nazaret tanto tiempo? ¿Salía con los amigos? ¿Se habrá enamorado? ¿Cómo trabajaba? ¿Cuáles eran sus fiestas favoritas?
En las obras teatrales, los silencios son muy importantes; este largo periodo lo es porque nos permite apreciar mejor los tres años siguientes, en los que se escucharán unos monólogos estupendos. Para citar uno que dejaría impactado a cualquier dramaturgo por su belleza y que además presentó en el escenario de una montaña: Felices quienes eligen ser pobres, porque esos tienen a Dios por rey; felices quienes sufren, porque recibirán consuelo…
Este monólogo ha inspirado a miles de generaciones y, sin duda, a mí también. Me doy cuenta de lo afortunado que soy cuando, con el teatro, facilito que se dé voz a quien no la suele tener y se devuelve la dignidad a quien creía que ya no la merecía.
Las obras teatrales que creamos en el centro penitenciario Las Palmas I de Gran Canaria (España) se inspiran en la vida de las personas que cumplen condenas y que, durante el año, participan en un taller teatral semanal. Estas obras pueden ser vistas por público externo autorizado, pero también pueden ser representadas en teatros públicos del país donde nos las soliciten. Son una oportunidad para construir puentes entre el dentro y el fuera, romper prejuicios y desvelar lo sutil que es la línea que nos separa los unos de los otros.
La flauta volverá a tocar…y nosotros ¿qué haremos?
Graciano Pellegrino, CVX-Gran Canaria
Colaborador Equipo Misión Espiritualidad CVX-E
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Foto: Una escena de la obra teatral Atrapasueños, inspirad en los sueños nocturnos de los internos.
Graziano Pellegrino[1] Educador Social
Profesor en la Facultad de Educación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Formador teatral y dramaturgo en centros penitenciarios
[1] graziano.pellegrino@ulpgc.es


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