Comenzó el nuevo año, un año de jubileo, un año en que “sonaban los cuernos de carneros para anunciar que era el año de la clemencia y liberación para todo el pueblo, para restablecer la justicia de Dios en el uso de la tierra, en la posesión de los bienes, en la relación con el prójimo sobre todo respecto a los más pobres y a quienes habían caído en desgracia. El sonido del cuerno recordaba que ninguna persona viene al mundo para ser oprimida; somos hermanos y hermanas, hijos del mismo padre, nacidos para ser libres según la voluntad del Señor (cf Lv25, 17.25.43.46.55).“(1)
Un año en que el aire nos llega cargado del silencio de las víctimas que se dejan la vida en desiertos, mares, a manos de mafias, deshumanizados y con la esperanza, que los mantiene vivos, de salir, huir, llegar.
Un aire atronador también, la violencia resulta atronadora, tanto la cercana, por reducido que sea el ámbito en que se produce, como la que se acompaña de armas con toneladas de explosivos cayendo sobre seres inocentes.
Nuestro planeta sufre globalmente una degradación sin marcha atrás frente a la que los seres sobre los que recae la responsabilidad de su cuidado, nosotros, nosotras, parecemos como los monos del “no ver, no oír, no hablar”. El sonido de la devastación también se deja oír.

Me gusta leer el mensaje del papa francisco, es mi “Marcha Radetzky” el primer día del año, Jornada Mundial de la Paz, en palabras de Fray Luis de León,“el aire se serena y viste de hermosura y luz no usada”. Francisco me conmueve profundamente, leo, releo y dejo que cale en mí. Es un mensaje para todas las gentes de buena voluntad, en especial, para los que se sienten condenados, aplastados, postrados. A todos, a todas, nos saluda con un “esperanza y paz”
No habla de paz en un sentido abstracto, habla de deuda externa, de la deuda ecológica, respeto a la vida y pena de muerte, gasto en armamento, jóvenes… y también habla del corazón.
Nos invita a dejar que nuestro corazón se desarme, se libere de razones y miedos. Lleno de gratitud nuestro corazón se reconoce igual al del resto de hermanos y hermanas y en deuda con nuestro padre/madre, amor y misericordia infinitas. Un corazón a la escucha del grito de la humanidad y la madre Tierra, para que podamos actuar desde él, con gestos, pequeños o grandes, pero actuar.
Francisco habla de esperanza como motor de lucha por la paz. Menciona un salmo 85,11 cuando “El Amor y la Verdad se encuentran, la Justicia y la Paz se abrazan” La verdadera paz, en palabras de san Juan XXIII sólo podrá nacer de un corazón desarmado de la angustia y el miedo a la guerra.
Hay un grupo en WhatsApp “Oración por el Líbano y la paz en el mundo”. Es un grupo para orar juntos, miembros de las CVX de países remotos, a las 19h. Un padrenuestro, una avemaría y una oración personal por el Líbano y la paz en este mundo lleno de guerras. Es el poder transformador de la oración lo que se pone en marcha cada día, el sentirnos uno, miembros de una comunidad tan diversa y que comparte las palabras con las que Jesús nos enseñó a orar. Resulta esperanzador sentir que en el mismo aire de los truenos hay espacio para la unidad, un Dios Padre/Madre, una sola plegaria, un único anhelo de paz lleno de esperanza.
Así podría acabar esta reflexión compartida. Pero entre una línea y otra se me aparecen los rostros de tantos inocentes que van muriendo mientras escribo o, viven en el pánico de no saber, cuál es su culpa, qué comerán, si esta misma noche morirán de frío. Son mis hermanos y hermanas indefensos y uno a uno van formando parte de mi día a día.
Me pregunto si es posible orar por la paz cuando vives en la violencia extrema. Nuestra oración es su oración, es la comunión de lo santo.
Aquí estáis, vuestra desesperación, vuestro dolor, tanta violencia, tanto odio, tantos intereses. Tantos inocentes con rostro, nombre, familia, historias felices, sonrisas…
Francisco, sus propuestas, también resuenan en el aire cuando, frente a las víctimas, nos invita a actuar. Propone la condonación de la deuda externa de muchas naciones, también como reparación de una deuda ecológica de los países del norte a los del sur, al tiempo que se desarrolla una nueva arquitectura financiera, que se base en la solidaridad y armonía entre pueblos. Además, pide que se elimine la pena de muerte, que mata la esperanza humana de perdón y renovación. Y, por último, que se dedique al menos un porcentaje fijo del dinero que se emplea en armamento para crear un fondo para la eliminación del hambre y facilite la educación. Propuestas que suenan como los truenos de una tormenta que limpia la atmósfera y trae agua y frescor.
Gracias Francisco.
Leo, releo, hago silencio. Madre/Padre Dios, amor infinito, con la ayuda del Espíritu, que se desarme mi corazón y pueda ser, en mi insignificante vida, instrumento de tu Paz.
“Perdona nuestras ofensas, Señor,
Como nosotros perdonamos a los que nos ofenden,
Y en este círculo de perdón concédenos tu paz,
Esa paz que solo tú puedes dar
a quien se deja desarmar el corazón,
a quien con esperanza quiere remitir las deudas de los propios hermanos,
a quien sin temor confiesa de ser tu deudor,
a quien no permanece sordo al grito de los pobres”
Francisco
Patricia Merín Faus
Equipo Misión Espiritualidad CVX-E
- Mensaje de su santidad Francisco para la LVIII jornada mundial de la paz. ( 8 diciembre 2024) Extraído de https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/peace/documents/20241208-messaggio-58giornatamondiale-pace2025.html


Mil gracias