En esta ocasión le hemos pedido a nuestra amiga Ana Flavia, activista trans del Perú y cristiana, que nos dé su visión de la importancia de la visibilidad de las personas trans. Ana Flavia es directora del colectivo Proeza de Maria que ayuda a mujeres trans a salir de la marginalidad dándoles un hogar y enseñándoles un oficio.
Quedé paralizada al escuchar a una parlamentaria trans española al decir que la mejor arma que tenemos las mujeres trans es nuestra visibilidad; nuestra visibilidad trans. Esa visibilidad que se da, cuando se nos nota lo trans y no lo negamos o nos avergonzamos. Esta visibilidad, aunque no solo es no negarnos, empieza también con salir del clóset. Algunas, saliendo de aquella acomodada e impostada postura de “gays pasivas”, ambigua y/o cambiante. Otras esperando ser nombradas laboralmente de forma permanente para poder ser quienes son. Salir del clóset es el comienzo, pero no termina con tener tu nombre social y llevar la ropa que siempre soñaste; no. No es solo poder buscar ser respetada socialmente con tu nombre o los sustantivos, artículos o pronombres femeninos que te corresponden. No es solo poder entrar al baño de mujeres que te corresponde; no. Pues, aunque primero hay que salir fuera de esa oscura cueva, de la oscuridad del clóset, que puede incluir todos los duros y valientes ejemplos dados; no termina ahí.
Es importante aquello que Jesús dice de manera casi lógica: “Desátenle para que pueda andar”, y que las personas trans necesitamos para poder dar el siguiente paso en nuestra transición, en la visibilidad. Jesús no dice: “Lázaro desátate las vendas”; no, se lo pide a aquellas personas que presenciaron la resurrección de Lázaro; Jesús te lo pide a ti, que conoces a aquella amiga trans, aquel sobrino trans, aquel vecino trans o compañera de clase o trabajo que es una mujer trans. Este desatar es interpretado muchas veces por algunas personas de buena voluntad sólo como un acto de respeto a quienes son las mujeres y hombres trans. Sin embargo, este respeto no es suficiente ni querible por Jesús, no puede estar concluido solo con aquella señal de conformidad (y mucho menos si eres una persona de la comunidad LGBI); sino en ayudar, apoyar a desatar las vendas que atan, que oprimen y no dejan caminar a las mujeres y hombres trans ¿A cuántas mujeres y hombres trans le has ayudado a desatar sus impedimentos para vestirse, para lograr su cambio de nombre, para lograr su cambio de tratamiento hormonal, de apoyarla a ser respetada en su trabajo o en el centro de estudios donde apuesta y resiste por no caer en la prostitución, la adicción o la depresión?
Finalmente debe darse un tercer paso; pues no basta la sola fuerza de cada persona trans para salir de la cueva, junto a la sola fuerza de la gente que nos ayude a desatar nuestras vendas, sino dejarse interpelar y seguir aquella Palabra desclosiante de Jesús, esa Verdad que resuena en nuestras almas, especialmente en nuestro corazón, aunque la mayoría de personas nos griten que no somos mujeres. Para ello más que esfuerzos o técnicas, necesitamos hacernos pequeñas, aceptando nuestra diferencia y confiando que fuimos creadas con mucho amor para luchar junto a Jesús, por ser quienes somos, completando en nuestros cuerpos, vida social y relación con Dios aquello que nos hace cada día mejores mujeres trans y hombres trans. Que la Virgen y San José que le enseñaron como padres a Jesús a ser un buen hombre, nos enseñen a cada mujer trans a ser unas buenas mujeres; pero sobre todo unas buenas hermanas y amigas de Cristo en todas y cada una de las luchas que nos toca vivir cada día por ser visibles.
Ana Flavia Chávez
Directora de Proeza de Maria y custodia de REDCATT


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