La epifanía: Ser Reyes Magos, cada día

«En la Epifanía celebramos el amor de Dios que se revela a todos los hombres. Dios desea la felicidad del mundo entero. Ama a cada uno y ha venido a salvar a todos, sin importar su nacionalidad, su color o su raza. Es un día de alegría y agradecimiento porque al ver la luz del Evangelio, salimos al encuentro de Jesús, lo encontramos y le rendimos nuestra adoración como los magos» (Tere Vallés: escatholic.net)

Ser Reyes magos cada día supone permanecer en búsqueda. Nuestra vida de fe tiene que ver con el ejercicio de la atención; con la búsqueda constante de la luz de Dios en nuestras vidas y en el entorno que nos rodea; tiene que ver con caer en la cuenta de sus señales, con reconocer a esa estrella que emite la luz de Dios.

Ser Reyes Magos supone tener fe. Creer aunque no se comprenda todo. Quizás los Magos esperaban encontrar a Dios acomodado en un palacio, pero no fue así; resultó ser muy distinto, lo reconocieron en un pesebre. Nos enseñan la importancia de estar siempre pendientes de los signos de Dios para reconocerlos, incluso allá donde no esperamos encontrarlo.

Ser Reyes Magos supone movilizarse dejando algo atrás (comodidades, rutinas, seguridad…) para adorar al Niño Dios, ahí donde esté encarnado; transitando, a veces, un camino largo, incómodo, cansado…Supone perseverar ante las dificultades que se presentan, sabiendo que el seguir a Dios implica sacrificio, pero que cuando se trata de Dios, cualquier esfuerzo vale la pena. Supone, también, sentir una gran alegría al encontrar al Niño y valorar el inmenso amor de Dios por el ser humano.

Ser reyes magos supone ofrecer con alegría lo más preciado que se tiene ante el portal: Ellos llevaron oro: algo que se ofrece a los reyes, ya que Jesús ha venido de parte de Dios, como rey del mundo, para traer la justicia y la paz a todos los pueblos, incienso: que se le ofrece a Dios, ya que Jesús es el hijo de Dios hecho hombre, mirra: con la que se ungía a los hombres escogidos, puesto que adoraron a Jesús como Hombre entre los hombres.

Nos ayuda a reflexionar sobre lo más preciado que podemos ofrecer cada uno a Dios, y a reconocer que lo importante, el regalo más preciado, es darse, con lo que somos, a los demás.

Ser Reyes Magos cada día supone ser estrella que conduzca a los demás hacia Dios. Anunciar con nuestras vidas el mensaje de Jesús.

Carlos Erviti

Equipo Misión Espiritualidad CVX-E

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